Entre la pasión y la tecnología ocurre el saber

Si el educador no pone pasión en el saber que enseña y no se conecta con los sentimientos del alumno tras el saber por aprender, el saber que se busca no ocurre.

La hipótesis central de este aparente acertijo es que la pasión y la tecnología se pueden encontrar alrededor del saber, en la medida en que el educador y el alumno constituyan y construyan un espacio común de encuentro, un aula multifuncional donde la tecnología alimenta el sentido de la curiosidad y la pasión por la búsqueda de nuevos conocimientos.

En un mundo tecnologizado y crecientemente dominado por el despliegue y uso de lenguajes y plataformas digitales, pero también en un orden social atravesado por el mercantilismo y el individualismo, el aula necesariamente deberá convertirse en un ambiente virtual donde la tecnología enriquece y multiplica las oportunidades para que la pasión por enseñar del educador se encuentre con la pasión por saber del estudiante y para que el conocimiento descubierto o adquirido se convierta en razón crítica, movilizadora y transformadora.

La educación es un acto de crítica y construcción, un acto pasional de enseñanza y aprendizaje mutuos.

Todo cambio -incluso como proceso educativo-  comienza en la razón y los sentimientos, atraviesa la vida y  construye experiencias colectivas y sociales desde las vivencias personales y los saberes grupales.

No hay saber humano si la tecnología deshumaniza al individuo y lo convierte en un ser asocial o antisocial, si los instrumentos técnicos lo convierten en un competidor desenfrenado que arrastra consigo pulsiones a medio controlar.  Las tecnologías tienen la virtualidad de hacer posible que sea más humano el estudiante, el que desea aprender y se esfuerza por aprender conforme a un método y una disciplina intelectual.

Desde una perspectiva humanista, no podemos dejar que las tecnologías nos vuelvan dependientes de la pantalla, de los soportes, de los dispositivos o de las conexiones inhalambricas: una educación que se dirige a la profundidad del ser humano, viene desde la ciencia y desde la experiencia, pasa por las tecnologías y se instala en la mente, la pasión y los sentimientos del alumno, para que descubra sus propias posibilidades, para que abra las ventanas de su propia libertad.

Entre la razón y la tecnología, el educador ayuda e impulsa la pasión por saber y el alumno se instala en las plataformas digitales para transformar el conocimiento virtual en saber práctico y en razón crítica.

Manuel Luis Rodríguez U.

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