UdelMar: el drama silencioso de profesionales y funcionarios

Desde el año 2010 se arrastra la prolongada e interminable crisis de la UdelMar: crisis de credibilidad, crisis de imagen pública, crisis de endeudamiento, crisis de funcionamiento.

Ahora, esa empresa educacional se encuentra en su crisis terminal.

La primera señal de alerta la dieron los trabajadores del sindicato de la UdelMar de La Serena, a mediados del año 2011 cuando realizaron una serie de paros y denuncias ante tribunales e Inspección del Trabajo.  Algunos pocos los escucharon, las autoridades guardaron silencio, el Ministerio de Educación jamás los atendió a pesar de las fundadas denuncias de lucro, y en el resto de las sedes del país algunos pocos se sintieron solidarios y organizaron sindicatos para defender sus derechos.

Solo en contados momentos los estudiantes trabajaron organizados y coordinados con los trabajadores y sus sindicatos, pero las denuncias explotaron en todas las sedes y cada uno debió asumir su lugar y su responsabilidad.  Algunos de los sindicatos terminaron desmantelados por “cuenteros” de última hora o por sumisos seguidores de los dueños de la empresa o no supieron o no pudieron perseverar en sus justas demandas.

Ahora que la crisis de esa entidad es terminal, que el Consejo Superior de Educación se apresta a decidir la continuidad o no de la UdelMar, la incertidumbre más visible es la de los estudiantes, acosados por la lenta desesperación de tratar de salir y emigrar a otras carreras y universidades antes que “el barco se hunda”.

Por estos días reciben sus títulos probablemente las últimas generaciones de profesionales salidos de esas aulas, y la incertidumbre se instala entre los alumnos de último año de las carreras.

Pero el drama del que muy pocos hablan es el de los profesionales y administrativos que quedan todavía dentro de ese “Titanic con nombre de universidad”: secretarias, administrativos, bibliotecarias, contadores, auxiliares que en el momento en que se decrete el cierre de esa casa de estudios, deberán emigrar hacia otros trabajos.  Algunos, guiados por el sexto sentido del realismo, prefirieron emigrar a otros trabajos y oportunidades antes que seguir soportando el ambiente depresivo interno, la estafa con sus remuneraciones y el temor del despido inmediato, mientras la UdelMar disminuye rápidamente su planta de personal contratado.  Otros se autodespidieron con la debida anticipación, para evitar que el robo previsional del que fueron objeto, se siga incrementando.

Para varios miles de trabajadores, profesionales, docentes y funcionarios actuales de la UdelMar, lo único que está claro hoy es que el futuro y las oportunidades están fuera de esa entidad: emigrarán tarde o temprano…

Manuel Luis Rodríguez U.

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