Educación, ciudadanía y poder: los dilemas de la Nación

En poco más de dos años, en Chile se ha instalado un amplio, intenso y variado debate público en torno al tipo de educación pública que queremos para el país.

Han intervenido en este diálogo abierto prácticamente todos los actores sociales, culturales, intelectuales, políticos y económicos del país: desde empresarios hasta dirigentes políticos, desde gobernantes hasta parlamentarios y alcaldes, desde académicos y especialistas hasta ciudadanos “comunes y corrientes”, desde profesores a alumnos de liceos, universidades y colegios.

Y no hay acuerdo, porque alrededor del complejo problema educacional se ha formado una brecha valórica y política que separa a dos visiones acerca del pasado, del futuro y del presente de nuestro sistema educacional: mientras algunos defienden, promueven y tratan de fortalecer y consolidar y legitimar un sistema de educación de mercado desigual, inequitativa y lucrativa que tiene endeudados y descontentos a cientos de miles de estudiantes y sus familias, otros, una gran mayoría de los chilenos comparten el proyecto de fortalecer una educación pública, gratuita, de excelencia que otorgue oportunidades de base a todos los niños y jóvenes, apuntando a una educación que fortalezca la ciudadanía y el desarrollo de la nación.

Y cuando cientos de miles y hasta millones de ciudadanos y de estudiantes, padres y apoderados y educadores se pronuncian y se movilizan activamente contra el lucro en la educación y por una educación pública gratuita, y no son escuchados, entonces la sordera es del gobierno y la intransigencia está instalada en las esferas de poder.

En este contexto la educación se ha convertido en el espacio donde se ha expresado el poder de la ciudadanía, frente al poder del lucro y del neoliberalismo gobernante.   Porque sin educación no hay poder de la ciudadanía y porque sin ciudadanía, la educación se pone al servicio del poder.

Cuando los chilenos discutimos y reflexionamos sobre la educación que el país requiere y necesita, y nos instalamos en la vereda crítica en contra del lucro y de la educación de mercado, estamos tocando uno de los fundamentos ideológicos del sistema neoliberal, una de las bases estructurales del mecanismo de distribución de oportunidades en un país cuya economía neoliberal de mercado es en sí asimétrica y produce las desigualdades que todos conocemos.

En una economía neoliberal de mercado desigual e injusta, necesariamente una educación de mercado es también desigual e injusta.

Ahora bien, todos entendemos también que para cambiar estructuralmente este modelo predominante de educación mercantil y privatizada, para poner freno definitivamente al negocio de la educación y al lucro que la corroe y disgrega, el país debe dar pasos de gran envergadura como cambiar la Constitución y proceder a hacer cambios profundos de carácter legal y político, que aseguren que la educación sea efectivamente un derecho universal garantizado por el Estado, una puerta igualitaria a las oportunidades y un mecanismo efectivo de formación humana integral que asegure el bien común y el interés general para ésta y las futuras generaciones.

Punta Arenas – Magallanes, 3 de septiembre de 2012.-

Manuel Luis Rodríguez U.

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